Tradicional y emotiva visita a Potrerillos

Como tradición histórica de cada 1 de noviembre, ayer se vivió una nueva visita a Potrerillos, en una jornada cargada de reencuentros, recuerdos y emociones. Compartimos acá algunos testimonios de habitantes que, sin importar la distancia y el paso del tiempo, viajan desde distintos puntos del país, para poder revivir en un día lo que definen como la mejor época  de sus vidas. Nuestra admiración profunda para ellos y su sentimiento de arraigo y pertenencia.

Las hermanas Elizabeth y Lorena González Jorquera, junto a sus hijos

“Cuando llegamos, vivíamos al frente del teatro, después nos trasladamos. Estudiamos en esa, la Escuela D N°4 primero, después se hizo otra para el norte”, cuenta Lorena señalando el lugar donde comenzó su formación. “De acá tenemos los mejores recuerdos de compañerismo y tranquilidad, por eso teníamos muchas ganas de venir con nuestros hijos, que vieran donde crecimos, conocieran el lugar donde trabajó su abuelo. A pesar de verlo así como está, igual es bonito y emocionante. Desde que llega el bus, ver nuestros cerros, sus tonalidades. Ver la plaza, acordarse de los desfiles, donde estaban los columpios, el arenal, el cerro de la greda, el Agua Dulce… Ahora tienes que tener mucho para que un niño se entretenga, antes no era así, nosotros no necesitábamos más que esto. Por eso fue tan duro irse. Para mi mamá sobre todo fue muy difícil, estuvo con depresión harto tiempo, hasta que de a poquito se fue acostumbrando, asumiendo que no había vuelta atrás, porque como mucha gente, se fue pensando que iba a volver. Varios mantuvieron harto tiempo esa ilusión, y aunque no va a pasar, estoy segura de que si se diera la oportunidad de regresar, la mayoría lo haría”, sostiene convencida Lorena.

Mientras relata cada recuerdo, su hermana asiente. “Hace 18 años que no subía, porque no sabía si el sentimiento al estar aquí iba a ser de tristeza por verlo destruido, o de alegría por todo lo que significó para mí, pero me doy cuenta que es lindo dentro de todo. Pese a que uno tiene el recuerdo de cuando se fue, de casas bien paradas, de hartos arbolitos, igual es potente estar acá, sobre todo con nuestros niños. Poder contarles cómo era la infancia aquí, los juegos, las personas. Teníamos mucho tiempo para compartir, y aunque antes no hubiera medios como ahora, acá no necesitabas nada más. No había diferencias, no importaba dónde viviera el otro, no sabíamos de prejuicios. A la hora de compartir, aquí todos éramos iguales”, explica Elizabeth, que entre 1985 y 1996, vivió en Potrerillos junto a sus dos hermanas menores, su madre y su padre, quien fuera vigilante del Banco de Créditos en esa época.

 

Gilberto Órdenes y Manuel Tapia Flores, amigos de la infancia

“Recuerdo los carros alegóricos, eso era súper bonito. Cada área, mantención, operación, hacía sus carros con un recorrido por acá. También la Fundición hacía olimpiadas, sacábamos candidatas a reina, nos disfrazábamos”, cuenta Gilberto que además de ser nacido y criado en Potrerillos, regresó después de estudiar para trabajar 11 años en su zona. Es tal la emoción que le provoca estar allí, que cada año planifica sus vacaciones para que coincidan con esta fecha, y así poder venir una vez más. “Vengo de Catemu, donde vivo y trabajo ahora. Paso a buscar a mi mamá a La Serena, a mis dos hermanos y nos venimos. No queremos perder ninguna oportunidad, es que esto es muy bonito, acá te encuentras con amigos, con compañeros de curso de la básica. Llegas y te empapas de un sentimiento tan especial, que lo único que quieres es hacerlo durar un año más, hasta que puedas venir otra vez”.

Emociones parecidas tiene su amigo Manuel. “Acá teníamos un grupo que se llamaba Conexión, y por ahí entre el 72, 73, se hacían muchas actividades en el verano, todo para poder sacar una reina. Era tan bonito, que hemos mantenido esa tradición por 40 años, ahora nos juntamos en La Serena sí, los que estábamos acá en esa época, somos cerca de 60 personas, y nuestra idea siempre es ir incluyendo a más, con sus familias igual, que todos conozcan eso que vivimos cuando teníamos 14, o 16 años aquí. Hacíamos veladas en el teatro, un show, actividades comunitarias, deportes, tocatas en el estadio techado viejo. Y lo mejor es que participaban todos, desde los trabajadores hasta sus hijos. Yo mentiría si digo que durante la semana no sueño con Potrerillos, es que no hay cómo olvidar eso. Era tan lindo que yo prefería no salir de vacaciones para quedarme todo el verano acá”,  cuenta Manuel, que intenta regresar cada vez que es posible, para rememorar lo vivido, y para visitar a su hermano en el cementerio.

 

Osvaldo Fuenzalida, nacido y criado en Potrerillos, regresó a trabajar allá

“De acá son todos mis recuerdos de niñez, nosotros vivíamos en una burbuja acá, dejabas tu casa abierta y nunca se perdía nada, todos se conocían, era un pueblo solidario, si alguno tenía un problema, todos le ayudaban. Al principio ir y venir nos daba mucha nostalgia, por la destrucción del pueblo, las cosas que ya no están. Pero ya me estoy acostumbrando, como trabajo acá 5×5 vengo seguido. Incluso cuando me ha tocado justo el descanso en esta fecha, he venido con mi familia. Me he reencontrado con gente que no veía hace años, es muy bello eso. Yo creo que lo que pasa acá es en parte por la forma en que esto acabó, todos emigraron en poco tiempo, entonces queda ese sentimiento. Yo siento que una parte de este pueblo me pertenece, así como yo pertenezco a él, eso es lo que nos mueve, ese sentimiento grato y solidario. Hubo gente que le debe todo a esto, que su familia, sus hijos, surgieron acá. La gente de Potrerillos es distinta a la demás, más que vecinos, era como una gran familia, todos se preocupaban por los demás. Lo otro es que acá teníamos de todo, no necesitábamos nada más. La gente a veces no alcanzaba a estar todas las vacaciones afuera y volvía antes porque echaba de menos”, recuerda Osvaldo.

 

Cecilia y Manuel, visitan todos los años a un hermano pequeño de ella y a una sobrina de él en el cementerio

“Ojalá nunca se termine esta tradición. Solo uno sabe lo que puede llevar en el corazón por dejar a sus deudos acá. Mis padres están lejos en Salamanca, así que por eso yo vengo siempre a visitar a mi hermanito. Limpiamos las tumbas, les traemos florcitas. Es bonito, trae recuerdos. Yo soy nacida y criada acá, y estos cerros son como un imán, su mineral es un imán para la gente. Si pudiéramos venir más veces lo haríamos, pero estas son las disposiciones y la idea es que se mantengan. Para mi hija fue muy difícil irse, tuvo que interrumpir sus estudios y licenciarse con otro curso, fue duro. Ella, como nosotros, ama su tierra, Potrerillos nunca va a morir en nosotros, lo llevaremos siempre en el corazón, éramos una gran familia”, explica Cecilia, que aprovecha la presencia del Párroco Enrique Balzán para pedirle que bendiga la tumba de su hermano.

 

Sra. Celinda García, visita a sus seres queridos junto a su familia

“Es una buena oportunidad, y es bueno el servicio también, estamos muy conformes con eso. Venimos siempre contentas. Yo vengo a ver a mi madre y mi esposo que se quedaron aquí. Aunque esto está cambiado, se agradece poder visitarlos. Ahora vivimos en Caldera y Copiapó. Como venimos una sola vez, aprovechamos de limpiar las tumbas, y les traemos florcitas plásticas porque duran más. Venimos a la misa igual que es linda. Agradecemos mucho esto, poder atender en esta última morada a nuestros seres queridos”, cuenta la Sra. Celinda mientras limpia la placa con el nombre de su madre.

 

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